Mayo es el Mes de Concienciación sobre la Preeclampsia, una condición caracterizada por alta presión arterial durante el embarazo. La entrada de hoy es de parte de Lucy Pérez de la Fundación para la Preeclampsia. Es su historia personal al enfrentar las consecuencias de esta condición como abuelita.
“Soy una abuela muy orgullosa de dos niños, pero solamente tengo la felicidad de ver a uno crecer. Layla nació prematura hace cuatro años por cesárea. A pesar de la hinchazón en la cara, pies y manos de mi nuera, y su alta presión, mi nuera nunca fue diagnosticada con preeclampsia. De manera que sin miedo alguno mi hijo y nuera decidieron tener otro hijo.
A través del embarazo se había quejado de varias cosas: dolores de cabeza, visión borrosa, dolor de estómago, hinchazón de la cara, pies y manos y dolores abdominales severos. Cada vez que sentía algo mal iba a su OB/GYN. Se le dijo que ella y su bebé estaban bien y la enviaron a su casa como si fuera una mamá primeriza que exageraba.
El 4 de octubre me llamó a que pasara por su casa ya que estaba teniendo contracciones leves. Yo me quedé en casa cuidando a mi nieta hasta que la dormí mientras le decía que mañana conocería a su hermanito. Ella muy emocionada decía lo feliz que estaba y cómo lo iba a cuidar, darle de comer y darle muchos besos. Una hora luego recibí la llamada que nunca olvidaré: “Ma’ ven al hospital ahora, perdimos al bebé. Los doctores no encuentran sus latidos.” Todo lo que recuerdo es haber envuelto a mi nieta en una sábana y salir corriendo en mi bata. Todo el camino oré. Oré como nunca en mi vida lo había hecho. No paré de hacerlo. Incluso me decía que los milagros ocurrían en todos lados en todo momento. También le dije a mi hijo que orara; le dije que todavía había esperanza, que hay esperanza hasta que el niño salga.
Los doctores nos dijeron que la presión de mi nuera estaba demasiado alta, su vida corría riesgo. Teníamos que calmarla lo más pronto posible para poder hacer la cesárea de emergencia o perderíamos a mi nuera también. ¿Cómo calmas a una madre que acaba de enterarse que perdió a su hijo antes de nacer?
Mi nieto no volvería con nosotros a casa. En ese momento escuchamos acerca de la preeclampsia por primera vez. Perdimos a nuestro bebé, Scottie Jordan Cartagena, por abrupción placentaria severa, lo cual fue causado por la preeclampsia a las 35 semanas. Tenía una cara hermosa como la de su hermanita mayor. Él era perfecto; lo único que tenía que hacer era respirar. Le pedí a Dios que le diera vida a cambio de la mía. Lo tuve en mis brazos, le quite la sábana y le conté todos los deditos de los pies y de las manos. Le dije lo mucho que lo queríamos y lo amábamos, que nunca lo olvidaría y que cuando me preguntaran cuántos nietos tengo siempre lo tendría a él en la cuenta.
Yo perdí al padre de mi hijo, perdí a mucha gente amada en septiembre 11, pero nada me había preparado para la pérdida de mi nieto. Durante mi luto buscaba entender lo que había ocurrido. Encontré en el internet la “Preeclampsia Foundation”. Ahí aprendí a profundidad los síntomas de la preeclampsia y lo que le podría causarle a una mujer embarazada. Lamentablemente vi que mucha gente sabía lo que estaba pasando por mi vida en ese momento. Además de eso encontré la fuerza para hacer algo positivo que honraría la memoria de mi nieto. Me hice voluntaria para coordinar la primera caminata contra la preeclampsia, “1st NYC Promise Walk for Preeclampsia”, para así crear conciencia sobre lo que es preeclampsia. Si yo pudiera ayudar a una familia que atraviesa por esta situación terrible, la muerte de mi nieto no sería en vano. Por favor únase a nosotros el 9 de junio del 2012 de 12:00 a 4:00 p.m. Para más detalles visítenos a www.promisewalk.org/newyorkcity.”